¿Personas sin hogar o exclusión residencial? Artículo publicado en El Periódico 04/12/2014

No deja de aumentar el número de personas que se quedan sin hogar. Y la ciudad de Barcelona, nos muestra en esta cuestión una paradoja: con años de trayectoria en el esfuerzo por mejorar la respuesta a este problema y con una dotación de servicios especializados para personas en situación de sin hogar de amplio alcance, la ciudad, desde el compromiso, apuesta por mejorar incorporando metodologías como Housing First, que aplicadas en diversos países de Europa y continente americano, están aportando índices de éxito que oscilan entre el 80% y el 95% –considerando éxito el éxito, es decir, que las personas antes sin hogar lleven años habitando en una vivienda-. De esta manera, se apuesta por un futuro de mayor eficacia en la capacidad de apoyar a las miles de personas sin hogar con las que se trabaja, hasta que abandonen esta situación.

¿Cómo puede ser entonces que se trabaje más y mejor en este tema, y en cambio no deje de aumentar el número de personas víctimas de la exclusión residencial? Una de las claves puede estar precisamente en lo que implica el concepto de exclusión residencial, cada día más utilizado en sustitución del de personas sin hogar: éste último, se centra básicamente en las personas, y nos remite a un imaginario de marginación, estigma y minusvaloración de éstas en el orden de lo social. En cambio, el de exclusión residencial,  nos habla de una circunstancia la génesis de la cual ubicamos más en problemas de la estructura social que en las circunstancias de cada persona. Eso es lo que nos está pasando.

Y por más que Barcelona se esfuerce como lo hace en mejorar e innovar, no deja de aumentar cada día el número de personas sin vivienda propia. Un número que se alimenta desde la vergüenza de los desahucios; la inseguridad laboral, tanto de duración del empleo como de cuantía de los salarios; el paro de larga duración; la incapacidad de generar empleo así como de reorientación formativa y profesional. Estos y otros factores, están construyendo el perfil de una parte en aumento de la sociedad que no tiene donde vivir ni se sabe donde lo hará.

Muchas de las personas afectadas están exigiendo una respuesta que no es la clásica de los servicios sociales. Exigen el cumplimiento de sus derechos –el derecho a la protección social, que comenzamos a entender que es tan necesario como el derecho a la salud-. Y los piden en un formato distinto al clásico de acompañamiento individualizado a planes de apoyo a la persona. El distrito de Nou Barris recoge y analiza esta nueva realidad con un documento de acertado título: No es pobreza, es injusticia. Y la desigualdad e injusticia social pide un abordaje distinto al de la pobreza.

Esperemos que el esfuerzo y compromiso de Barcelona en mejorar, incluso arriesgar, con nuevas fórmulas de intervención con las personas en situación de sin hogar tenga el éxito esperado y sirva de referente y estímulo para generar los cambios y las luchas necesarias para  abordarlo también en un sentido amplio, el de la exclusión residencial.

Joan Uribe Vilarrodona

Director de Sant Joan de Déu, Serveis Socials

Membre del Grup de Recerca en Exclusió i Control Social (GRECS)

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